Los ojos de Ester

La silla de siempre, balbuceo Emilio, lleno de hastío. La maldita silla que le lastimaba la cintura. Buscó acomodarse apoyando ambas manos en la butaca de pana roja y haciendo fuerza. La luz ya era perfecta. La temperatura era ideal. El silencio lo envolvía y lo protegía de sus propios pensamientos. Sin perder mas tiempo,Sigue leyendo “Los ojos de Ester”

Pero les sucedió el tiempo.

Caía la lluvia. Como brea. Como mermelada de cristal. Caía feroz, implacable, insólita. La ventana esmerilada, marco de madera grueso y garabateado, cumplía en empañarse como quien toma un compromiso estable y duradero. Ricardo se empeñaba en limpiarla, con el puño cerrado enfundado en la manga del sweter azul, con la esperanza afligida, agazapada, escondidaSigue leyendo “Pero les sucedió el tiempo.”